lunes, 8 de julio de 2013

12 de julio de 1947

Puebla, a 12 de julio de 1947.
Mi querida María de la Luz:

Como te dije, doy contestación a tus cartas fechadas el 1º de julio y el 6 de julio.

Leyendo el primer párrafo, haces que retroceda a otra carta anterior tuya; pero, como ya te he dicho, no veo en qué te tengo que disculpar. Antes al contrario, tengo mucho que agradecerte y quisiera podértelo expresar en un poema; pero ya que carezco de esa facultad (de escribir poemas), trataré ahora de confirmarte en que yo, con la sensación de que tú me quieres, con ese querer que tú únicamente puedes dar y con el cual has hecho que toda mi vida se ilumine, estás haciéndome el ser más dichoso, estás haciendo que el más grande de mis ideales se cumpla, y sólo me resta poner todas mis fuerzas para no fallarte, sólo me resta poner todas mis fuerzas para poder proporcionarte una posición cómoda y acortar en todo lo posible el tiempo, si tú lo quieres, en que la unión indisoluble y eterna de nuestras personas se verifique. Es a esto a lo que me refiero cuando uso la palabra “fallarte”, y de ningún modo a dejarte de querer, a dejarte de amar, a tratar de hacerte feliz.

En cuanto al castigo en que piensas imponerme, que sea cualquiera menos el pedirme que me aleje de ti. Antes al contrario, yo mismo me impondré castigos, y esto hará que me sienta más cerca de ti, que mi corazón palpite más al unísono con el tuyo, y así poder andar el camino de la vida con toda la felicidad posible.

En cuanto a engañarme, no sé si me explico bien. Como te digo, mi vida es anormal, con lo cual quiero decirte que, por ejemplo, en la universidad más o menos me he distinguido en los estudios y en política (buena) -y así te enseñaré un premio que saqué y que a nadie antes se lo habían dado-. Y, sin embargo, siento haber perdido mi tiempo. Pero dejando todo pesimismo de una manera u otra, haré todo lo que esté de mi parte para ser digno de ti, viviendo el presente y preparando el futuro con confianza en Dios.

Me dejas tranquilo con que te estés divirtiendo con tu papá, y lo único que te recomiendo es que busques medios razonables, prudentes y eficaces para que entre tu familia reine la paz. Con esto te recuerdo el toro que me brindaste allá en México. Y te repito que lo tomaré, cuando se llegue la ocasión, como una alternativa, es decir, que en cualquier toro que me toque a mí, trataré de superarte en heroísmo.


Me ha gustado muchísimo “Calcomanía”, y claro que todos tus versos originales como éste me gustarán más. Pero si quieres que me aprenda otros, me los copias. Recuerda que soy un profano, como en todo lo del arte.


Te llevé a México el escudo de la Universidad de Puebla, a falta del de la Facultad de Ingeniería. Si observas, en el escudo hay un Ave Fénix. Y dice la leyenda que se deja quemar en aras del ideal y del amor. La cabecita de arriba significa ciencia y cultura. Cuando nos veamos, te platicaré más sobre esto.

Mañana domingo pondré la estampita en mi libro de misa.

Se me hizo un nudo en la garganta de tristeza y coraje cuando veníamos en camino; pero ya te dije que si no me opuse fue porque no quería contrariar en lo más mínimo a Laura; aunque bien sé que, si se lo hubiera pedido, (ella) hubiese accedido a quedarse y pasado un día divertida y contenta con nosotros; pero como no salió de ella, no quise intervenir. Será en otra ocasión. Hay que amoldarse a las circunstancias y estar siempre contento, cumpliendo con el deber.

Mi próxima ida será solo, pues me gusta ser independiente. Y si se puede y quieres, iremos a ver a la Reverenda Madre Superiora de las Concepcionistas. Y tú ve pensando cuándo y cómo quieres que le hable a tu mamá y a tía Luchena sobre nuestras relaciones. Yo creo que ellas nos dirán la actitud que debemos tomar ante tu papá.

Me contaron el incidente que hubo en casa de mi tía María, pero ya te dije que he dado los pasos necesarios para que ese rumor que tú misma oíste aquí, en Puebla, no tenga ningún fundamento. Así me estoy portando desde el 13 de junio. Y sin ti, iré a pocos lados.

Saludos a tía Luchena, a tu mamá, a Tití y a Lily, y si se puede a tu papá.

Quien no te olvida y te quiere,
Agustín

P.D. El trabajo de que te hablé no se organiza hasta el martes.

NOTAS. 1. Las oraciones  “…estás haciéndome el ser más dichoso” y  “sólo me resta poner todas mis fuerzas para no fallarte”, pertenecen al borrador de la carta.

2. Agustín es poco efusivo con las expresiones poéticas de María de la Luz, pero no por desinterés sino por una muy calculada forma de evitar cualquier traición a sus principios. Desde su infancia, Agustín encuentra en la devoción cristiana un programa de vida y un proyecto de santidad; y ya en la adolescencia, sus anhelos de perfección espiritual lo conducen a un campo donde ciertas almas son tocadas hasta el fondo por la moral católica. No llega a los extremos ascéticos de su hermano Rafael, pero sí elabora un escrupuloso código de conducta personal, acaso inspirado en las enseñanzas de la Compañía de Jesús…

Como el Stephen Dedalus de Joyce, Agustín estudia con los jesuitas y vive la experiencia del pecado y la absolución como una pasión oscilante que marcará toda su vida.  Cuando Agustín se describe como “profano de las artes”, lo que en realidad refleja es el pensamiento jesuita en el que fue formado, ese pensamiento donde toda manifestación artística que no sea para alabanza de Dios, se vuelve intrascendente, insubstancial y en muchos sentidos pecaminosa.

Si el Stephen Dedalus de Joyce asume el arte como destino y como la mejor manera de distanciarse de la moral jesuita, Agustín Aguilar Rodríguez abraza esa misma moral y renuncia a toda experiencia estética. No lo hace por comodidad o indolencia intelectual, sino con la misma convicción atormentada (pasional) con la que Stephen Dedalus elige ser artista. En ambos, a propósito, hay una mujer que los incita al amor (sea éste entendido como expresión estética o como formulación mística), una mujer que los mueve y los conmueve. De no haber conocido a María de la Luz, de no haberse enamorado de ella, Agustín hubiera sido sacerdote jesuita, lo que hubiera desencadenado un dramático cúmulo de inexistencias ulteriores. 

3. Agustín da un paso muy importante al comprometerse a hablar con la abuela Concepción y con Ma (tía Luchena), para hacerlas partícipes de su noviazgo y para que ambas aconsejen a los jóvenes enamorados sobre cómo encarar al padre de María de la Luz, José Tagle y Aguilar, un hombre de carácter difícil y, según parece, con resentimientos enquistados (de eso hablaremos después, cuando nos refiramos al hecho de que José Tagle es primo de Ismael Aguilar, el padre de Agustín).

4. Expliquemos "el incidente en casa de tía María". Por torpeza o por malicia, tanto las tías como las hermanas de Agustín, tanto en Orizaba como en Puebla, se dedicaron en esos días a afirmar -para que llegara a oídos de María de la Luz, sin duda- que Agustín era muy noviero, que salía a muchas fiestas y que, de hecho, ya estaba comprometido con una tal Margarita Cugurú. Y aquí necesitaré ser asistido por la memoria de mis propias hermanas. El párrafo de Agustín es confuso y ambiguo. ¿Dar "los pasos necesarios" para detener ese rumor? ¿No bastaba con rechazarlo? ¿Cuáles son esos pasos? Me atrevo a decir que Agustín tuvo que cortarle las alas a la señorita Cugurú (se dice, pero no me consta, que, al perder esas alas, Margarita se recluyó en un convento poblano para nunca más salir de él).

sábado, 6 de julio de 2013

11 de julio de 1947


Viñeta de Historia Gráfica en LA mayor
Dibujante: Agustín Aguilar Tagle
Registro de fechas: María de la Luz Tagle Osorio

México, 11 de julio de 1947

Agustín:

Son miles las cosas que quisiera decirte y, sin embargo, cuando lo intento, las palabras no fluyen, la cabeza se entorpece y se ve imposibilitada a cooperar con el corazón. Y es porque lo que intento expresarte con palabras no existe en ellas. ¡El lenguaje es tan pobre ante tales sentimientos! Y es por eso que aquí me tienes, deseando decirte mucho… sin decirte nada. 

Pero sobre algo he de hablarte en mi carta, y creo que lo mejor será dejar correr la pluma y abreviar el prólogo.

Por primera vez en mi vida me he puesto a pensar detenidamente todo lo que en un día me sucede. Sola, después de que te fuiste, sentí miedo... Miedo al dejar libre mi imaginación. ¡Qué cobarde es el corazón cuando se ve atado para defender su cariño!

Mas no quiero cansarte con mis quejas. Sólo deseo prometerte que, aun siendo tantos mis defectos, trataré de corregirme.

Se… apagó la luz, y a pesar de eso te continuo escribiendo a la luz de una triste vela. Son las 9 ½ y Ma me está llamando a rezar el rosario. Dejaré hasta aquí mi carta. Mañana… Sí, ¡hasta mañana!

(En la misma hoja)

Julio 12

Ya terminé de arreglar la casa. Son las 12 a.m., y tu tarjeta no ha llegado aún. Todo va sobre ruedas. Y si así continúan las cosas, me daré por satisfecha. Lily ha cambiado bastante, tanto que le pedí (que) me llevara esta carta al correo. ¡Estoy muy contenta!

Mañana domingo será cuando tenga lugar mi “corrida! Ya te contaré, si es que salgo ilesa de ella. Pero no olvides que me prometiste alternar.

También mañana, iré a la Congregación (a la misa). Todo, todo aquello que me cuesta trabajo y me desagrada, lo iré haciendo… ¡por ti!

Espero que hayan llegado bien y que no se hayan olvidado de dar mis saludos. Ya me dirás, cuando me escribas, cuándo vienes (no te fijes si repito una, dos y tres veces la misma palabra; hazte de la vista gorda, ¿eh?). Saluda a mis tíos y a todos en general.

Quien mientras no te olvida vive de tu recuerdo,
María de la Luz.

NOTAS. La carta de María de la Luz es tan expresiva que cualquier comentario corre el riesgo de sólo hacer ruido. Estamos ante una muestra epistolar de lo que Juana de Asbaje llamó "la elocuencia del silencio". Por lo mismo y de cualquier manera, estudiaré esta carta a la luz de Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes. Apenas tenga algunas conclusiones, avisaré a los seguidores de esta correspondencia amorosa.

viernes, 5 de julio de 2013

7 de julio de 1947

Puebla, a 7 de julio de 1947

Querida María de la Luz:

Llegué ayer, domingo, a Puebla a las 12 de la noche. Y antes de pasar a contarte mis peripecias, te diré que no ha llegado tu carta, de manera que espero que me la repitas exactamente, ya que me mandabas una de tus amables creaciones (no es burla).

Figúrate que en San Martín Texmelucan me alcanzó Othón antes de que el tren llegara, y me dijo que siempre no había fiesta, pues su papá se había puesto gravemente enfermo y se lo habían traído a Puebla; que en esos momentos él se iba para Puebla; y me dijo que yo me fuera a su hacienda y (que) él me alcanzaría el domingo. Así lo hice, pues me insistió mucho, encargándome a la esposa de su hermano, quien también venía de México. A las 5 pasó el tren y a las 6 ¼ estábamos en la estación Contadero. De ahí anduvimos el camino, que nos llevó en cinco minutos a la Hacienda de Providencia. Nos fue a recibir la familia de Othón.

Yo, en esa tarde, estuve platicando primero con Lorenzo, el hermano de Othón. Después nos invitaron unos ferrocarrileros a tomar el taco, que consistió en tortillas, salmón y chilitos. Y como estábamos enfrente del tinacal, tomamos pulque. Y como ya lo conozco, tomé poco. De tal manera que cuando se puso la cosa fea, me retiré sin despedirme. Para eso, ya se habían ido los hermanos de Othón. Y al rato nos llamaron a cenar. Y como a las 9 ½ me acosté.

El domingo me levanté a las 7 de la mañana y salí a dar un paseo, contemplando el admirable paisaje que se ofrecía a mis ojos: los volcanes, el cielo azul, el campo muy verde; y también se veía La Malinche. Hacía un airecito muy fresco. Pero como estaba yo solo, preferí sentarme a leer. En todo esto, era yo seguido por dos perros de la hacienda, que me hacían fiestas y me acompañaban. A las 9 desayuné. A las 10, fui a la estación por Othón, y ya nos fuimos a pasear a pie, después de haberme cambiado mi traje por uno de charro. Cortamos capulines y platicamos de todos nuestros proyectos, ilusiones y dificultades. Nos fuimos a comer a las 2 de la tarde y después seguimos paseando. Entramos al tinacal y estuvimos con sus hermanos hablando sobre la fermentación del pulque.Después, a las 10, nos fuimos a tomar el tren, y yo llegué aquí a Puebla, como ya te dije, a las 12. Tuve tentación de regresar a México, pero mejor que me vine, pues vine a tiempo a despachar unos asuntos de mi papá, pues en cuanto a mis clases ahora sólo tuve a las 12 una, de manera que no te extrañe si antes del sábado nos vemos, pues además del gusto de verte, los apuntes de Othón me interesan mucho.

Le di el rosario a Laura, pero figúrate que ya se le había roto una cuenta.

Espero que Piedad no les esté dando mucha lata, ni tampoco Margot. Aquí ya quieren que se venga Margot, por sus clases de piano… y la extrañan mucho.

Me gustaría que me dieras detalles sobre el asunto de Lily, pues yo te he dado normas generales, pero sin saber realmente lo que pasa.

Cuéntame qué tal ha estado tu papá y todos. Ya ves que apenas si tenemos oportunidad de platicar. Aquí no abren mis cartas.

Pues, como ves, ya estoy procurando quitar la anormalidad a mi vida. Es decir, estoy descansado. Es por eso que fui a la hacienda de Othón. Yo creo que podré así darte todo lo necesario para que seas feliz y poder quitar obstáculos que dificulten mis más altos ideales.

Dispensa que te escriba tan aprisa y (con) mala letra. Aunque haya la posibilidad de vernos antes del sábado, espero (que) me escribas largamente.

Saludos a mi tía Luchena, a tu mamá, a Titi, a Lily y al ingeniero. Y tú recibe un abrazo de quien no te olvida.

NOTAS. 1. En la segunda fotografía se encuentran, de izquierda a derecha, Lily, María de la Luz, Pitié, abuela Concepción y Margot.

1. San Martín Texmelucan se encuentra en la zona centro oeste de Puebla, a 32 kilómetros de la ciudad capital del estado y a 95 kilómetros de la Ciudad de México. Se trata de un punto estratégico para el comercio de la zona, junto con las ciudades de Tlaxcala y Puebla.  Dicen los que saben que, para la preparación de los chiles en nogada, conviene adquirir el chile poblano en San Martín Texmelucan, pues su sabor ofrece al exquisito platillo un carácter especial y una riqueza memorable. Y ya que tocamos este tema, recordemos que María de la Luz aprende en aquellos años la intrincada ciencia de la preparación de chiles en nogada. Y la aprende para agasajar a Agustín cada 28 de agosto. Años más tarde, los hijos de estos jóvenes amantes fuimos beneficiados por la laboriosidad de su madre. El que esto escribe recuerda haber preguntado alguna vez sobre las particularidades del chile poblano. Lo hizo en la cocina, mientras María de la Luz y su hija Luz Elena se lastimaban los dedos al pelar la nuez de Castilla. Pero de la respuesta sólo recuerda la fugaz mención de San Martín Texmelucan. 

2. Llámase tinacal al barril o al conjunto de barriles de pulque.  Aunque Agustín nunca fue un bebedor, lo cierto es que –en el raro caso de tomar- se inclinaba por la cerveza, el tequila y el pulque, gusto este último que compartió con María de la Luz. Cuenta la leyenda que en la mañana del 23 de octubre de 1955, a la esposa del ingeniero se le antojó un poquito de pulque.  Ni tardo ni perezoso, su marido tomó una botella vacía de la lechería El Rosario y acudió a la pulquería ubicada en la esquina de Progreso y Civilización. Regresó con el néctar de los dioses y lo dio a beber a la sedienta muchacha, quien después de apurar el gozoso líquido encontró más fácilmente el camino del sueño y la placidez matutina (se hallaba en estado de gravidez y a punto de dar a luz).  Horas más tarde, al atardecer, María de la Luz  tuvo un ligero malestar, y comentó a Agustín que acaso el pulque la había indispuesto. ¡No, qué iba a ser…! ¡María de la Luz comenzó a sentirse con ganas de parir! Inmediatamente, Agustín se la llevó al Hospital Francés. A la medianoche, María de la Luz entregaba a la incubadora dos hermosos niños, a los que bautizaron días más tarde con los nombres de Gerardo María Mayela y José Agustín.

3. La Malinche es un volcán inactivo situado al este de la Ciudad de México y al norte de Puebla.


4. El capulín es una especie de cerezo cuyo pequeño fruto va del rojo brillante al negro y tiene un sabor astringente y ácido.

5. ¿Saludos al ingeniero? ¿Qué ingeniero? Investiguemos.

6. "Aquí no abren mis cartas", señala Agustín. ¿Qué significa esto? Arriesgo una hipótesis: en México, alguna de las cartas que ha recibido María de la Luzfue indebidamente abierta por su madre o por su hermana. Esto explicaría lo escrito en la carta de Nené del 26 de junio: "Con diferente actitud trato de comportarme, casi con indolencia ante ciertas cosas. Estoy dispuesta a olvidar totalmente lo ocurrido, pero de ningún modo a pedir perdón".

miércoles, 3 de julio de 2013

Intermedio II

IN MEMORIAM
PIEDAD AGUILAR RODRÍGUEZ
(1921-2013)

Carta a mi primo Fernando Aguilar Campos, 
escrita en la mañana del 3 de julio de 2013.

En estos momentos estaba yo a punto de escribirte, Fernando. Sí, anoche me llamó Beatriz y me dio la... Iba a decir "triste noticia", pero a estas alturas de mi vida, después de ver partir a mi madre, a tu padre, a mi padre, a mi hermano gemelo, a Tere (mi tía), a Tere (mi prima), a Mago, a Fay, a... ¿cuántos quedamos? No sé, todavía muchos (y los Aguilar seguirán brotando en esta tierra bendita); pero lo cierto es que ya no puedo hablar de tristeza sino de la dulce convicción de que los Aguilar Rodríguez, nuestra fuente, como todas las fuentes buenas, no se van sino que se trasminan y viajan a lo más profundo de nuestro ser. ¡Pitié, Pitié! Chepe para ti. Sí, te recuerdo, Nando, chiquito, llamándola Chepe (y yo pensaba que le decías Chepe porque tus cachetes te impedían pronunciar Pitié). Pitié, Chepe, la de los abrazos que ahogaban de tanto afecto. Su sonrisa, sus ojos vivos. Se va en busca de su hermanito Agus y de sus otros hermanitos (Carlos, Ismael, Tere, Fay, Nico...), en busca de sus padres, Esperanza e Ismael. Y ya podemos imaginar lo que pasará cuando se encuentren, donde sea que se encuentren: alguien va a comenzar a poner el desorden... y todos terminarán untados de mango, entre risas inconfundibles.  ¿Cómo le decía Pitié a mi papá? A mí, Pitié siempre me dijo Tin. Y me gustaba. Y me gustaba que nos enseñara su colección de refrescos de miniatura. ¿O eran de tía Esperanza? En estos días, a propósito, estoy transcribiendo la correspondencia amorosa de mis padres, y en las cartas de 1947 aparecen muy seguido Pitié, Laura y Mago, porque pasaron algunos días en casa de mis abuelos maternos, con mi mamá. 

Somos afortunados, Fernando, fuimos niños felices con padres y tíos cuya bondad profunda se tradujo siempre en buen humor, en chistes, en amor, en amor, en amor. Se va, pues, Pitié, una mujer a la que le debo parte de mi felicidad y el placer de preparar pasteles de lodo.

martes, 2 de julio de 2013

6 de julio de 1947

Viñeta de Historia Gráfica en LA mayor
Dibujante: Agustín Aguilar Rodríguez
Registro de fechas: María de la Luz Tagle Osorio



México, julio 6 de 1947

Agustín:

Sin esperar tu carta para contestarte, me pongo a escribir, pues con ello encuentro ese consuelo que sólo me proporcionan tus palabras. Ayer, después de que te fuiste, regresamos a la casa. Yo, triste, porque… 

Más tarde, salimos con Ma a la casa de unos padres que venden rosarios, libros, estampas, etc., en donde estuvimos hasta las 8 ½. 

El día de hoy fuimos a misa de 8 a Santa Rosa, Pitié, Margot y yo. Después de desayunar y de arreglar la casa, fuimos al cine. Vimos Las aventuras de Tom Sawyer.  En la tarde, nos llevó Ma a la casa de la Nona, pero como no había nadie en su casa, nos fuimos a Chapultepec. Llegamos hasta el lago.

Son en este momento las 8 p.m. y estamos oyendo música en la sala. Quiero decir, están oyendo música, porque yo estoy muy lejos.

Ya te he contado todo cuanto he hecho y… ¿Lo que he pensado? No, eso es difícil de decir en una carta. Difícil porque no encuentro las palabras apropiadas. 

¿Y tú? Cuéntame, ¿te divertiste mucho en la hacienda? ¿Qué hicieron? ¿Hubo jaripeo? Cuéntame, cuéntame todo cuando quieras contarme.

No sé hasta qué punto puedan gustarte los versos, pero si te agradan te copiaré los que más te gusten, para que tú los guardes.

Quiero pedirte algo. Cuando estuviste aquí, no lo hice por pena. Y no es que ya se me haya quitado, sino que por carta me es más fácil: el escudo de Ingeniería. Pero quiero el que hayas usado en tu solapa.

Tan pronto como reciba tu carta, te contestaré. Pero esta vez te prometo formalmente hacerlo, aunque me duela la cabeza, pues ésta ocupa un lugar muy lejos del primero.

Y…

Así podría seguir escribiéndote... mil bobadas más; pero no es justo que pierdas tu tiempo de esta manera, por lo que hoy me despido, deseando verte muy pronto. Saluda a todos de mi parte y de parte de todos los de aquí.

María de la Luz

P.D. Junto con ésta, te mando una estampita para tu libro de misa.

NOTAS. 1. Frente a la rusticidad expresiva de Agustín, nos conmueve y nos embelesa la dulzura de María de la Luz, su rendida disposición y su declarada veneración. Frente a la afable franqueza del estudiante de Ingeniería Civil, nos enternece el circunloquio tembloroso de Nené, ese dar de vueltas para evitar el desvarío (o para simularlo), ese decir mucho en su infructuoso esfuerzo por callar su amor. Esta carta, en particular, es un retablo de afectos, cariños y aficiones (no quiero cualquier escudo, sino el que has llevado en tu solapa), frutos emocionales no incipientes sino definitivamente maduros. Dicho en buen cristiano: María de la Luz está enamorada. ¿Lo está Agustín? Ya lo sabremos en las próximas entregas. Por ahora, las cartas del joven tienen la tosquedad de los ángeles incorpóreos.


2. The adventures of Tom Sawyer, película de 1938 dirigida por Norman Taurog y protagonizada por Tommy Kelly, no está registrada en el libro de María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco (Cartelera Cinematográfica 1940-1949). Es posible y lógico que se encuentre en el volumen anterior (1930-1939) Lo curioso es que en el libro de los años 40 sí aparece, en cambio, Tom Sawyer Detective, también de 1938 pero dirigida por Louis King y estelarizada por Billy Cook. La segunda película se estrenó en México el 27 de junio de 1947, en el Cine Balmori. Dice María de la Luz que al cine fueron el domingo, a la función de Matiné. Recordemos que, según hemos visto, la costumbre de la familia era acudir a ver una película una semana después de su estreno. Es muy probable, entonces, que, después de desayunar, Pitié, Margot y María de la Luz hayan tomado el tranvía en Avenida Primavera (hoy Benjamín Franklin) para llegar al final de la Avenida Álvaro Obregón y entrar por el arco y bajo la mansarda al Cine Balmori, hermosa y vieja sala inaugurada en septiembre de 1930, para ver… Tom Sawyer Detective, secuela que María Luz asoció con la primera novela de la saga de Mark Twain.


3. La fotografía que aquí se presenta del Cine Balmori corresponde a los años 30. Estoy seguro, sin embargo, que en los 40 la fachada tenía el mismo aspecto.

jueves, 27 de junio de 2013

Intermedio I


En esta conocida fotografía de 1947 ó 48 vemos a Agustín dentro de la biblioteca del ingeniero José Luis Osorio Mondragón (1885-1944), tío de María de la Luz, el amado Pa. Ahora que mi hermana Luz Elena subió la fotografía a la red, observé con más cuidado el libro que mi padre tiene entre sus manos y pensé: “Ese libro yo lo conozco, ese libro lo tengo yo, no es un libro, es una libreta… ¡es el cuaderno de autógrafos y dedicatorias de mi mamá cuando era niña!”.

Veamos...

Antes de cumplir los nueve años de edad, la niña María de la Luz ya sabía encuadernar libros y elaborar hermosas libretas. Es probable que ésta sea una de esas libretas, pero no es seguro, pues se trata de un trabajo muy fino para una niña tan pequeña. Cabe la posibilidad de que, en realidad, la libreta que aquí vemos haya sido el regalo que Ma (su tía Luz Elena Osorio Mondragón) le haya hecho con motivo de su santo en 1935.  Y María de la Luz convirtió el librillo en cuaderno de dedicatorias y autógrafos.

Pero detengámonos, porque estamos ante un objeto peculiar...

La mayoría de las dedicatorias y los autógrafos pertenecen a Misioneros del Espíritu Santo, a jesuitas y a ilustres prelados de la época. Es difícil reconocer a los primeros, pues su humildad los hace firmar sin apellidos; pero al menos reconocemos a dos de ellos: al padre Félix de Jesús Rougier, fundador de la orden, y a Martín Tristchler y Córdova, el polémico arzobispo de Yucatán y hermano de Guillermo Tristchler.

Don Guillermo también deja sus letras en el cuadernillo, y lo hace cuando ya es arzobispo de Monterrey. Es él, a propósito, en tiempos de su arzobispado y dos años antes de morir, quien casa a María de la Luz y Agustín en 1950, en el templo de la Sagrada Familia de la Ciudad de México.

Aparecen también las firmas del queridísimo padre Ángel Oñate y de los obispos de Chihuahua, Guerrero, Tacámbaro y San Luis Potosí (este último sí nos ayuda con su nombre completo: don Gerardo Anaya y Diez de Bonilla, quien sustituyó a Monseñor Tritschler en el obispado potosino cuando el segundo fue nombrado arzobispo regiomontano).

Dos nombres más debemos destacar, los de dos jesuitas: Luis González R., quien plasma un soneto místico; y el famoso Segundo Llorente, quien celebró misa en la capillita de los Osorio Mondragón el 29 de octubre de 1952 (no era una capilla propiamente dicha, sino un oratorio; y tuvo nombre: Oratorio del Sagrado Corazón de Jesús).

Transcribimos a continuación la dedicatoria de Mon Pére a la niña María de la Luz. Ella aún no cumple los 11 años de edad, él tiene 77.


Señorita María de la Luz Osorio Mondragón
Tacubaya, 1937

Mi querida hija:

Hoy, 12 de mayo, fiesta de la Madre Santísima de la Luz, su patrona, mucho la hemos encomendado a Dios N.S. en este casita. Tenemos siempre presentes sus bondades con nosotros y su generosidad para ayudar a nuestras Obras. Que Nuestro Señor la bendiga a Usted y a todos los suyos, y que la haga, por intercesión de Nuestra Señora de la Luz, santa y feliz. Su afectísimo padre, que la bendice con toda su alma.

Félix de Jesús, M.S.S.

Ocho meses más tarde, Mon Pére muere en el Hospital Francés de la Ciudad de México, donde, a propósito, nacimos todos los hijos de Agustín y María de la Luz.

miércoles, 26 de junio de 2013

1 de julio de 1947

México, 1 de julio , 1947

Agustín:

Ante todo, deseo que me disculpes por la forma tan poco correcta de expresarme en mi anterior. No sólo me refiero a las faltas de ortografía (que son muchas) sino principalmente a los términos que utilicé. Por ello te repito: ¡Discúlpame!

Desde el jueves de la semana pasada terminé de leer el libro que me hiciste favor de prestarme. Me pareció muy interesante, sobre todo porque en él encontré el complemento al libro escrito por José Luis Blasio, secretario particular del Emperador.

Aunque no lo hayas notado, me apenó mucho no saber decirte en dónde se encuentra Santiago, Tlaltelolco, Peralvillo, etc., lugares que sirvieron de entrada a la Ciudad de México a la llegada de los Emperadores. Ahora, junto con la presente te envío lo que pude averiguar.

No creo, como tú, que te estés engañando. Sí es modestia. Está usted perdonado, señor mío, porque de otro modo tendremos que pensar en un castigo. Lo que sí no entiendo es eso de que confías en que Dios te dé fuerzas para no fallarme. ¿Qué quieres decir con eso?

Me da mucho gusto lo que me cuentas del camión, pues en muy poco tiempo ya podrás manejar perfectamente.

El jueves, como te había dicho, fui al Metropolitan, en donde exhibían La hija del ministro. El sábado, al Alameda, Lo mejor de nuestra vida. En las dos ocasiones fui con mi papá. Y a la salida me llevó a cenar al Bodón. El domingo fuimos a la 9ª novillada. Estuve muy contenta: grité hasta enronquecerme, y a pesar de que llovía permanecimos fieles a la fiesta. El lunes los periódicos decían, al referirse a la novillada: “Aire, lluvia y aburrimiento”. Pero yo me divertí en grande.

Toda la tarde he tenido un dolor de cabeza bastante fuerte. Trato de acostumbrarme a él, ya que es tan necio y no me quiere dejar. Siempre que puedo lo disimulo, pero esta vez no me fue posible, por lo que tuve que acostarme.

Cuéntame qué tal estuviste en tus reconocimientos, que ya desde ahora empezaré a dar gracias a Dios, pues confío que saldrás muy bien de ellos.

Espero tu carta y ojalá que ya en ella puedas decirme para cuando vienes. Como siempre, da nuestros saludos a todos en tu casa. Y tú recibe el cariño de María de la Luz.

P.D. También te envío algo que he escrito para ti. No me atrevo a llamarle verso, pero en él he puesto mi corazón. Y perdona mis faltas, como siempre.

NOTAS. 1. Es el abuelo José, hombre de rigor implacable, quien inculca a sus hijas, acaso con excesiva rudeza, el hábito de buscar siempre la pulcritud de la escritura. Apenas observa una falta en la ortografía de María de la Luz o de Lily, el señor Tagle explota:

-¡Tu ortografía me pone los pelos de punta, Nené! No quiero encontrarme de nuevo con faltas en tus cuadernos.

2. Tanto María de la Luz como Agustín son criados dentro del catolicismo militante de los años 20 y 30 del siglo pasado. Ambos, además, forman su moral con base en el pensamiento de una iglesia añorante de la pompa del imperio y de los contubernios con el porfiriato. Sus respectivas familias estuvieron permanentemente rodeadas de sacerdotes y monjas.  La casa de los Osorio Mondragón era frecuentemente visitada por personalidades eclesiásticas como Félix de Jesús Rougier, Guillermo Trischler, Ángel Oñate y Antonio Brambila. No debe extrañarnos, por tanto, que ambos jóvenes encuentren afinidades intelectuales e incluso ideológicas en la lectura de la vida de Maximiliano (el libro al que se refiere María de la Luz es Maximiliano íntimo, escrito a manera de memorias por el secretario particular del emperador. Seguiremos buscando el libro que Agustín prestó a María de la Luz, aunque sospechamos que se trata de una monografía de editorial Jus).

3. Ésta es la primera carta en la que María de la Luz se despide con la frase “recibe el cariño de…”.  Añádase a ello el poema “Calcomanía”, para concluir que estamos ante una declaración de amor. Señalemos, sin embargo, que lo prematuro de dicha declaración se explica por la excesiva cautela de Agustín. ¡Alguien tiene que acelerar el paso!

Transcribimos aquí los cuatro cuartetos de María de la Luz:

Como rosa que al sol se abre, / como rocío que se estremece,  / así mi alma desfallece / por alcanzar tu divino amor. / Qué grande ante mi vista es / el oyamel que hoy nos cubre, / tal parece querer en su altivez / tocar la inmensidad del cielo. / Al igual que el oyamel, / en un esfuerzo supremo, / quiero tocar mi cielo, / quiero el imposible… a ti. / Mas si todo en vano es / y a mí, como al campo, / el hielo me matara, / antes de morir te dijera: Muero pensando en ti.

Al pie del verso 8, María de la Luz corrigió toda la línea. Ella había escrito: “tocar con su punta el cielo”, pero encontró más elegante la palabra “altivez”.  Sobre el 14, María de la Luz corrigió todo la linea, que se encuentra tachado: “y como en el campo”.

Cuatro meses más tarde, el 6 de noviembre, María de la Luz reescribe el poema. La diferencia es mínima pero significativa: doble signo de exclamación en el último verso: ¡¡Muero pensando en ti!!

4. La Hija del ministro es una película argentina dirigida por Francisco Mugica y estelarizada por Silvana Roth, Enrique Serrano y Juan Carlos Thorry. La película llegó a México con cuatro años de retraso (es una producción de 1943) y se estrenó en el Metropolitan el jueves 19 de junio de 1947 (una semana después, el 26 de junio, María de la Luz y su padre fueron a verla).El Metropolitan se encuentra aún en Independencia 90, aunque hoy la sala funciona como lugar de conciertos musicales, obras de teatro, danza y otras artes.

Lo mejor de nuestra vida (The best years of our lives) es una película estadounidense dirigida por William Wyler y actuada por Myrna Loy, Frederich March y Dana Andrews. Se estrenó el jueves 29 de mayo (los estrenos ocurrían los jueves) en el Cine Alameda, que se encontraba en Avenida Juárez (frente a la Alameda Central, precisamente). El cine ya no existe: cerró sus puertas en 1970 y fue derruido en 1985. La fotografía que aquí presentamos corresponde a 1946, año en que se estrena la película Enamorada, dirigida por el Emilio El Indio Fernández y estelarizada por María Félix y Pedro Armendáriz.

La entrada a estas salas costaba tres pesos, pero el abuelo José contaba con pases de cortesía (luego explicaremos por qué). El precio más alto (5 pesos) lo cobraban cines como el Trans Lux Prado y el Chapultepec. El precio más bajo (80 centavos) lo cobraban cines como el Odeón y el Carpio.

5. El Café Bodón estaba en el número 35 de Bucareli. Si en esa ocasión ordenaron la especialidad de la casa, María de la Luz y su padre cenaron cabrito al horno o machitos estilo norteño.