lunes, 11 de noviembre de 2013

12 de noviembre de 1947

Puebla, a 12 de noviembre de 1947.

Mi adorada María de la Luz:

Cada día que pasa tengo más deseos de verte. Ayer tenía ganas incontenibles de hablarte por larga distancia, pero me vino a calmar tu carta.




Yo sigo estudiando, pues el tiempo corre. Ahorita son las 8 y ya me voy a estudiar a casa de mi compañero Ramón Lozano, de modo que me despido deseando que todos estén bien. Y tú recibe en especial el cariño de quien no te olvida y te ama.

Agustín

P.D. Recibí tu carta que escribiste en el correo el lunes. Hoy te hablaré por teléfono, tal como te dije.

12 de noviembre de 1947

México, a 12 de noviembre de 1947.

Mi Agustín:


A medida que te voy conociendo, va creciendo el amor que te tengo y, como ya te he dicho en otras ocasiones, te quiero y todo me parece muy bello. Pero luego vuelvo los ojos a mí y entonces no tiene comparación mi tristeza, pues he llegado a ti con las manos vacías y mi gran fortuna es el corazón lleno de ternura y mi único saber es quererte.

Mi malestar, te diré, se debe únicamente a mi necio romanticismo, que yo creía haber exterminado; pero ahora poseo el contraveneno, pues no hay razón para vivir eternamente amargando a los demás. Y trataré, como tú, de estar y vivir siempre contenta.

El día que te hable, no noté la brusquedad a la que te refieres, y aunque así hubiera sido, no tienes por qué preocuparte. Sé perfectamente que tendrás tus cambios y a ellos me acostumbraré y te querré en todo momento. En un hombre es común que tenga sus malos ratos, y es por eso que no me espantaré el día que en realidad me trates con brusquedad, pues lo atribuiré a algún disgusto o mal humor que con nadie mejor que conmigo debes descargar.

Tendré muy en cuenta las palabras de tu carta y procuraré ser consecuente con nuestros superiores.

Tus fotografías, que todos han visto en la casa, están muy bonitas. Y lo único que puedo decirte es que el fotógrafo no es chambón sino modesto. Yo, en cambio, te mando las fotos que tomé en Chapultepec para que veas que no tengo "cuate" retratando. Te vas a reír mucho, lo sé, pero de eso se trata. Fíjate bien en ellas… ¿Apoco no son buenas? Una la tomé de pulpo a pulpo, otra en el Moon Rocket; otra, la que está, obscurita, la tomó Lili y soy yo montada en un caballo, pero sólo salió la silueta; y por último, en el Avión del Amor. También te mando una postal que nos tomaron al salir de la Feria.

Da nuestros saludos a todos en tu casa. Y tú recibe todo mi gran cariño. Tuya.

María de la Luz

domingo, 10 de noviembre de 2013

10 de noviembre de 1947

México, a 10 de noviembre de 1947


Querido mío:

En los momentos en que te escribo acabo de depositar las fotografías, que van en una revista. Las arreglé de modo que no se doblen ni maltraten. Y no las puse en una caja, pues tardarían mucho más en llegar.

Con calma te platicaré, pues, como te digo, estoy en el correo y en posición bastante incómoda, debido a mi estatura, pues apenas si alcanzo la tabla esta. 



Ayer recibí tu carta, y a ella le daré contestación ahora mismo, pero en la casa. Ya he escrito bastante, pues figúrate que creo poder terminar mañana. Recibe en estos cuantos renglones todo mi gran cariño y los deseos de pronto tenerte a mi lado.

Tuya

María de la Luz

CARTA ESCRITA DURANTE LA NOCHE DEL MISMO 10 DE NOVIEMBRE


Mi Agustín:

Ya es de noche y mi mayor consuelo lo encuentro escribiéndote, como ahora, o releyendo tus cartas. Hace un frío terrible y el único ruido es el que hace el reloj del comedor (que nunca marca correctamente la hora).

Y bien, mi muchachito, lo que más me llamó la atención en tu carta fue el azul de tu papel y "mis emociones e incertidumbres". De ello me platicarás cuando nos veamos, ¿no es así?

Ayer fuimos a Chapultepec, a pie hasta el Lago. Y de ahí nos pasamos a la Feria. Yo no me quería subir a nada, pero insistieron las muchachas con quienes fuimos. Y al fin dimos unas vueltas en El Pulpo y una en el Moon Rocket. Comimos chicharrones y tomamos refrescos y paletas heladas. Saqué varias fotos, que mañana recogeré (y si están bien, te las mando).

En la tarde hablé por teléfono con la Nena, pues no pude ir a visitarla porque no había quién me acompañara. Más tarde, me puse a leer el libro del padre Llorente y estudié algo en el piano. En la noche, fuimos con Ma a tomar nieve a Chiandoni y de regreso compramos pastelitos para merendar.

Como siempre, es preciso que nos despidamos, aunque nunca, al menos yo, lo deseo.

Saludos para todos. Y para el corazón de quien nunca te olvida.

María de la Luz

P.D. ¿Vendrías el sábado? ¡Dios lo quiera!

NOTAS. (1) Al decir María de la Luz que ya ha escrito bastante, está refiriéndose a los textos que Agustín le encargó para sus tareas universitarias. (2) Ubicada en el número 225 de la calle de Pensilvania (entre Tennesee y Wisconsin), Chiandoni es un de las neverías tradicionales de nuestra ciudad. Fue inaugurada en 1939 por Pietro Chiandoni, quien huyó de la guerra y llegó a México, adquirió el terreno de la Colonia Nápoles y continuó con el negocio familiar: hacer gelatos a mano. Su especialidad es el helado de vainilla con hot fudge, pero también es posible disfrutar Espumoni, Banana Split, Peach Melvas y muchas delicias más. (3) María de la Luz escribe la primera parte de la carta en el Palacio de Correo, pues es ahí desde donde acostumbra enviar sus cartas a Agustín.

9 de noviembre de 1947

Puebla, a 9 de noviembre de 1947.




Mi querida María de la Luz:

Recibí tu carta por entrega inmediata y la leí y releí, y al compararla con mis cartas, sobre todo la última, me dan pena, pues no me salió como yo quería ni es comparable con la tuya. 

En mi anterior te digo que te traté bruscamente por teléfono, y así fue al decirte "¿Nada más para eso me hablas?", cuando en realidad cualquier motivo lo considero muy importante, con tal de oír tu dulce voz, la voz que amo con todas mis fuerzas. También te dijo: "Haz lo que quieras". Eso fue porque no quiero que te molestes. Y me aguantaré mis ansias por ver las fotos, con tal de que no te molestes.

Me imagino contra las cosas que te revelas. Hay que ser consecuente con los superiores de uno, sobre todo en este tiempo en que estamos por formar un hogar y unir dos vidas, pues la voz de Dios sólo se oye por este santo medio de las disposiciones de nuestros superiores, y nuestro amor debe agrandarse. Y mientras más sacrificio, más se agiganta un amor verdadero.

Yo estoy muy contento, en lo posible, sin estar cerca de ti; pero si soy culpable de tu malestar, estoy dispuesto a hacer todo lo que está en mí para que estés bien.

No sabes cuánto te agradezco que me escribas en máquina mis tareas del colegio y todavía más el que te esfuerces por dominar el piano. Esto es para tu bien, para mi bien y para bien de los dos. Yo, apenas pasen mis exámenes, voy a tratar de pulirme, para ser más digno de tu amor.

Al pensar en ti, vuelvo a la realidad de la vida y tengo más confianza en Dios. Tengo muchos proyectos y espero llevarlos a cabo.

Saluda a Ma, a tu mamá, a Titi y a Lily. Y tú recibe el eterno amor de tu Agustín.

P.D. Te mando las fotos. Todavía soy un fotógrafo chambón. Tu retrato me salió encima con la foto de la fuente. La segunda de la fuente salió movida. La de Lily no sé si le gustará (y si quiere romperla, que la rompa). Sólo las dos tuyas… ¡estás magnífica! Una con sombras, pero -como siempre- tú has eclipsado los defectos del fotógrafo.

Agustín.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

7 de noviembre de 1947

Puebla, a 7 de noviembre de 1947.

Mi adorada María de la Luz:

Otra vez, lejos de ti, tengo grandes deseos de oír tu voz, de verte. Pero ya que no es así, te escribo en este papel azul, un ligero símbolo de mi felicidad.

No sabes cómo te agradezco los sándwiches, que me comí en el camino, en Río Frío, con una cerveza Sol. Los remojé de tal manera que me supieron deliciosos y me pusieron de muy buen humor, recordando mil y una cosas agradables.

Fui leyendo el Digesto Católico, que es muy bonito e instruye mucho.

Tengo muchas ganas de platicar contigo sobre mis emociones e incertidumbres.

Has de estar muy ocupada. Por eso no te insisto en que leas lecturas (si me permites decirlo así) que sean instructivas.

Dispensa si ahora que me hablaste por teléfono te traté bruscamente, pero no quise hacerlo. Saludos a todos y recibe el amor de quien no te olvida.

Esta imagen pertenece a un ejemplar
de la edición argentina
del Digesto Católico

7 de noviembre de 1947

México, a 7 de noviembre de 1947.

Amor mío:

Mucho me costó el no haberte podido acompañar hasta el camión. Y mucho más aun el separarme de ti. Me revelo contra ciertas cosas, pero bien veo que todo es inútil. Y tan sólo le pido a Dios Nuestro Señor fuerzas para soportar estos ratos de tremenda amargura, ya que ellos son correspondidos con creces con la felicidad que tú únicamente me das y me darás.

Todo el resto del día de ayer y lo que va del de hoy, me he sentido con un malestar terrible. No del cuerpo, no (y eso es lo peor). He tratado de no estar ni un momento desocupada, para así distraer el pensamiento. 

Ya te tengo veinte hojas escritas (de las que he copiado), que desde luego son menos en máquina. Creo que podré, y sólo falta que a ti te parezcan bien. 

Ahora en la tarde fui al Centro con Lili a recoger las fotografías. Las ocho salieron bien, aunque el señor que me las entregó me dijo que les faltaba luz y tiempo. Pero, ya te digo, a mí me gustaron mucho. ¿Quieres que te las mande en la siguiente carta que te escriba?

Ahora en la noche te hablaré, para más rápidamente sacarte de la duda con respecto a las fotos. En la fotografía donde estás y en la que estamos los dos, fueron las únicas que preferí no enseñarle a mi papá. Las otras las vio y le gustaron. Supo que tú las habías tomado.

En la mañana vino a verme el profesor Ríos. Dice que me acepta nuevamente como su alumna. Nos trajo una invitación para la audición que darán sus alumnos el 17 del presente, a las 20 horas.

Y por contarte tanta y tanta cosa, pasé por alto lo que a mí más me interesa. ¿Cómo estás, amor mío? ¿Me extrañas tanto como yo a ti? Piensa que estoy a tu lado. Yo ya he hecho la prueba, y con esto calmo en algo mis angustias. Te imagino junto a mí cuando escribo, cuando arreglo la casa o el jardín, cuando camino sola por la calle, cuando me siento al piano y hasta cuando canto. Eres tú mi invisible compañero, al único al que he sabido confiar mis más íntimos sentimientos, guardados en tu pecho como yo he sabido hacer un templo con tu cariño, un templo en donde sólo reina Nuestro Señor.

Con toda mi ternura.

María de la Luz

sábado, 2 de noviembre de 2013

3 de noviembre de 1947

Viñeta de Historia Gráfica en LA mayor
Dibujante: Agustín Aguilar Rodríguez
Registro de fechas: María de la Luz Tagle Osorio

Puebla, a 3 de noviembre de 1947.

Mi querida María de la Luz:

Hubiera querido haberte escrito antes, pero hoy no me levanté hasta las 8 1/2. Desayuné y me puse a hacer un trabajo de mi papá, e igual en la tarde. Hasta estos momentos me puse a escribirte, para decirte que no me olvido ni un momento de ti y que ya tengo deseos de verte.

Ayer, a las 8 de la mañana, ya estaba yo en la casa de mi compañero Ramón, y de aquí a que nos reunimos nos dieron las 10 de la mañana, de tal manera que salimos en dos coches ocho amigos para Atlixco, al rancho de  Ramón.

Ya en el rancho, nos pusimos a practicar Tiro al Blanco con un rifle 22. El blanco era una naranja, colocada a unos treinta metros. Yo, de tres, le pegué una vez. Después, paseamos a caballo y jugamos carreras. A mí me tocó uno muy bonito.

Visitamos la iglesia y después comimos en el comedor del casco de la hacienda. Cantamos un rato y después fuimos a Jagüey y abordamos una lancha de hule. Llevamos el rifle (también tiramos). Remamos con manos y pies y con remo. Después, nos bajamos a tierra. Y para que los otros desembarcaran, después de un rato de dormir, tuvieron que mojarse con el agua que les salpicamos con piedras. Sacamos fotografías y regresamos al casco, donde comimos naranjas que cortamos de los árboles, y a las 6 1/2, ya oscureciendo, volvimos a Puebla, muy contentos, y mi compañero nos llevó a nuestras casas a cada uno, en su coche.



Espero que no te hayas cansado mucho en la colecta. Muchas gracias por haberme pedido permiso. Y ya sabes: para mí, con que seas una buena hija y seas comprensiva con tu mamá y tus superiores, seré muy feliz.

Saludo a todos. Adiós.

Agustín

NOTA. Atlixco es un municipio de Puebla dentro del que se encuentra una pequeña localidad llamada Techichula, conocida por su jagüey (pozo o zanja profunda llena de agua).