sábado, 17 de agosto de 2013

25 de agosto de 1947

Viñeta de Historia Gráfica en LA mayor
Dibujante: Agustín Aguilar Rodríguez
Registro de fechas: María de la Luz Tagle Osorio


México, a 25 de agosto de 1947.



Mi amor, mi gloria, mi adoración:

¿Por qué, cuando estoy a tu lado, me siento tan feliz? ¿Por qué, de todos los espectáculos que contemplo contigo, me quedan tan gratos recuerdos? En ellos cifro mi dicha, y me sirven para hacer menos amargas las horas de la espera.

Las primeras sombras de la noche se vienen a unir a las nubes que cubren el firmamento. Pronto no veré para escribirte; pero, te repito, mi pensamiento te acompaña y te sigue, trata de adivinar dónde te encuentras, para estar a tu lado.

Cuando me escribas, no olvides decirme todo cuanto sabes que me interesa de tus estudios, exámenes, trabajos, etc.

El día 28, desde las 4 de la mañana, estaré contigo y me dará mucho gusto ver que estás contento... ¡Te veré, sí! ¿O no lo crees? A las 6 a.m. procura estar cerca del teléfono. 

Mañana, cuando deposite la presente, aprovecharé de enviarte las revistas. 

Ya te dejo, aunque mucho tendría aún que decirte. ¿Me harías favor de saludar de nuestra parte a todos en tu casa? ¡Gracias! ¿Hasta mañana? Hum... ¿"Hasta mañana" dices, alma mía? ¿Pero no sabes que nos separa más de un día? ¡Pero hasta mañana, siempre! ¿Verdad? Porque equivale ese intervalo a una interrupción muy grande de distancia.

Tuya siempre
María de la Luz

P.D. ¡Mi relicario está vacío!

NOTAS. (1) No quiero velar con comentarios torpes y superficiales la belleza de esta carta. (2) El 28 de agosto es día de San Agustín de Hipona. 

jueves, 15 de agosto de 2013

21 de agosto de 1947

México, 21 de agosto de 1947

Amor mío:

Me disponía a salir con Lilí para recoger el marco que le mandé hacer al diploma que me regalaste, cuando llegó tu carta. Y como queda cerca el correo mayor, me he puesto a escribir y así aprovechar el depositar la presente.

No me fue posible ir a la Basílica el 18 (ya te contaré el porqué). Ayer fue la bendición de la casa de los padres. El señor arzobispo hizo la bendición.

Dispénsame la forma en que te estoy escribiendo, pero me sucede algo muy raro: me tiembla la mano en una forma terrible. ¿Nervios?

Siento mucho el no haber podido asistir al juego en que habrás ganado.

¿Están bien esos dos renglones?

El lunes vino Mayito y Rebeca. Comieron con nosotros. Mi papá estuvo mal ese día, pues le hizo daño el mole que comió en el restaurant el domingo.

Te espero el domingo, tal y como me lo prometiste; pero… ¿por qué no vienes desde el sábado? Pocas veces me equivoco (modestia aparte), y creo que esta vez sé el porqué no deseas venir el sábado. En fin… Yo quisiera que estuvieras aquí el mayor tiempo posible, pero también quiero lo que tú quieras, como tú quieras y cuando tú quieras.

Si mañana no recibo carta tuya diciéndome el nombre del libro que deseas, te hablaré por teléfono. ¿Está bien?

Saludo a todos y tú recibe todo el cariño que puede abrigar mi corazón. ¿Nada más eso? No, mi corazón también.

Tuya

María de la Luz



NOTAS. Fotos 1 y 2. Como ya sabemos, Ismael (hermano mayor de Agustín) y Rebeca González Castellanos contrajeron matrimonio el viernes 15 de agosto de 1947. Después de su Luna de Miel (o como término de ella), la pareja de recién casados estuvo en la Ciudad de México y visitó a las tías Osorio Mondragón, al tío José Tagle y, por supuesto, a María de la Luz y Lili. Las fotos presentes corresponden a esos días. En la primera, de izquierda a derecha, aparecen Concepción Osorio Mondragón (madre de nuestra heroína), Ismael Aguilar Rodríguez, María de la Luz y Lili. En la segunda (foto que ya conocemos), María de la Luz y Rebeca conversan en Casa de Ma (Civilización 43). Es probable que estas fotos las haya tomado don José Tagle Aguilar, padre de María de la Luz. Repito aquí lo que ya comenté en otra parte: María  de la Luz y Rebeca están sentadas en una de las bancas del pasillo exterior de casa de Ma. Frente a ellas, se encuentra el hermoso jardín, cuidado en esa época por Ma y por la misma María de la Luz. El jardín era casi huerto casi granja: convivían en él rosales, higueras, palomas, buganvilias, gallinas y chayoteras. Foto 3. El señor arzobispo al que se refiere María de la Luz en su carta es monseñor Luis María Martínez y Rodríguez, quien dirigió el Arquidiócesis Primada de México desde 1937 hasta su muerte, acaecida en 1956. Presumo que la foto con la que acompaño esta carta fue precisamente tomada el martes 20 de agosto de 1947 en la casa de los Misioneros del Espíritu Santo. También se encuentra, a la derecha de Su Eminencia Reveredísima, monseñor Guillermo Tristchler, entonces arzobispo de Monterrey. Ambos mantuvieron estrecha amistad con la familia Osorio Mondragón, sobre todo con Ma (tía Luchena), quien aparece sentada en el extremo izquierdo de la foto. De pie y del lado derecho de don Guillermo, se encuentran María de la Luz y su hermana Eugenia Concepción (tía Lili). Recuerden los lectores que el tamaño de cada foto aumenta al presionar sobre ella (colóquese el cursor en la imagen y apriétese el botón izquierdo del ratón).

miércoles, 14 de agosto de 2013

20 de agosto de 1947

Puebla, a 20 de agosto de 1947.

Mi querida María de la Luz:

Recibí ayer tu carta, la cual hoy contesto para poder acortar, aunque sólo sea por un rato, esos 140 kilómetros de distancia material, pues tú siempre estás junto a mí... y todavía más en los momentos en que leo tus cartas, que me transportan hacia ti.


No he ido a misa ni a comulgar, pero creo estar en la fiesta, procurando que todos mis deberes sean cumplidos. Sin embargo, procuraré tener tiempo para todo en este estado de emergencia en que vivo.

El partido no fue hoy. Puede ser que sea el viernes. Espero que nos veamos el domingo.

Te mando las fotos, que al rato voy para la Fotografía a traerlas, pues en este momento ni yo las he visto. También te mando para Lily.

Saludos a tía Luchena, a Titi, a tu mamá, a tu mamá y a Lily. Esperando tus letras, se despide quien te quiere con toda el alma.

Agustín

NOTAS. (1) Descubrimos en esta carta que Agustín vive ya "la angustia de la distancia" (quien ha vivido la experiencia del amor pasional, sabe a qué me refiero): el joven señala que hay aproximadamente 140 kilómetros entre Puebla y México. Para cualquier mortal, esa distancia es insignificante (dos horas de viaje en Pullman de ADO). Para el enamorado, es una distancia semejante a la que hay entre la Tierra y Alfa Centauri. (2) Abajo de estas notas, muestro una de las fotografías a las que se refiere Agustín en su carta. Se trata de tía Lili posando para su primo y futuro cuñado. Esta imagen pertenece a una serie. En cartas anteriores publiqué algunas.




martes, 13 de agosto de 2013

El mundo de afuera

Mientras María de la Luz y Agustín pasan los días concentrados en la dulzura de su noviazgo, el mundo gira sin poner mucha atención a su idilio. Detengámonos un momento, apartemos la vista de los tortolitos y de sus cartas, cerremos el epistolario y miremos hacia otros lados. Observemos qué hace la gente mientras María de la Luz y Agustín gozan de la mutua contemplación.

Ismael, el hermano mayor de Agustín, acaba de contraer matrimonio con Rebeca González y recorre con ella, en viaje de Luna de Miel, los estados de Guerrero, Michoacán y Jalisco. Lili, la hermana menor de María de la Luz, tiene novio (se llama Sergio, pero no sabemos su apellido). Laura, hermana de Agustín, anda muy enamorada y está decidida a mantener su relación con Alejandro Barroeta,  aun contra la voluntad de sus padres. Teresa, hermana de Agustín, trabaja, trabaja y trabaja, para apoyar a los adelantados y arrear a los rezagados. Rafael, otro hermano de Agustín, anda en misa, seguramente. ¿Y Nicolás, Pitié y Esperanza? ¿Qué hace este trío?

Demos la pluma a tío Nico, comediante sin par, para que nos cuente la aventura que corrieron él y dos de sus hermanas el martes 19 de agosto de 1947.





HISTORIA DE UN PASEO
Nicolás Aguilar Rodríguez
19 de agosto de 1948

La salida

Salimos a las cinco de la tarde. El Sol pronto terminaría su camino. Empezaron las dificultades, porque, además de mis hermanas Esperanza y Piedad, iba el Yac.

-¿Cómo lo llevamos?, preguntó Pitié.

-Lo amarramos a mi bicicleta con la cadena, dije. Pero no se pudo.

-Yo no me subo a la bicicleta –dijo Esperanza-, y me lo llevo andando.

Mas al fin era el Yac el que mandaba, y lo dejamos libre. Empezó entonces el paseo que tantos incidentes tuvo.

Esperanza iba atrás, porque su bicicleta era muy chiquita. Y Piedad, a la par de Esperanza, iba atrás, porque su bicicleta era muy grandota. Yo y el Yac, adelante, o, como dice el vulgo, el Yac y yo (no sé que significa "vulgo", pero suena bonito).

Íbamos por la 24 Norte, dimos vuelta en cierta esquina y nos encontramos con un canal que tenía una sola viga, atravesada para atravesarlo. Esperanza pasó con las puntas de los pies en una orilla de la viga. Y Pitié (me dijo que no escribiera Piedad) pasó como los cangrejos, caminando para atrás (era digno de verse y para reír).

La cacería

Llegamos a la carretera. El Yac retozando, y nosotros a golpe de pedal. Aquí, otro incidente. El Yac se puso a jugar con un pollo a algo que no eran propiamente carreras, pues el pollo iba como alma que lleva el diablo: a ratos volando, a ratos corriendo. Y el Yac como perro que quiere comer pechuga con todo y plumas. Apareció la dueña del pollo, una chiquilla, tan oportunamente como para impedir que este relajo fuera un asesinato con premeditación, alevosía, ventaja y ensañamiento por parte del Yac. Si al pollo no se le ocurre salir del cascarón con plumas, el Yac hubiera dado cuenta del pobrecito animal.

Sujetamos al Yac, porque estaba insoportable. Si no ladraba a otro perro, se pasaba de puerquito por debajo de un camión. Llegando al terreno, ahí bajé al perro al río, donde se refrescó, mientras Esperanza revisaba los arbolitos frutales que hay sembrados (estaban bien). El Yac subió la barranca con tantas fuerzas que me arrastraba, pues para ir al río le puso la cadena. El único que se divertía era el Yac. Para otro paseo, lo dejamos en su casa.

La rueda cuadrada

Pasamos el río Alseseca. Faltaba un tramo para llegar al lugar donde queríamos. Este tramo está lleno de perros ladrones (bueno, no ladrones, sino que ladran). Por ahí teníamos que pasar con el Yac. Claro que no podíamos pasar sanos y salvos. Como a la mitad eran tantos los perros, tuvimos que amarrar al Yac a una bicicleta que Esperanza llevaba andando. Y de esa manera quisimos sortear la valla de perros que se arremolinaban en torno de nosotros como un remolino.

A todo esto, el Yac mordió la llanta de la bicicleta, y en medio del barullo se oyó… ¡Sí, señores, se oyó un murmullo! Sssssssssssssss. El murmullo se prolongó tres renglones de esta máquina, pero no los voy a escribir. Era que la rueda estaba pinchada (o ponchada), porque la pinchó el Yac. ¡Esto era el colmo! No sabíamos qué hacer. Todos los perros ladraban apocalípticamente, mientras el Yac se le ponía al brinco a un perrazo, como si fueran dos gladiadores en el circo romano.

En la terminal

Por fin (no fin, sino intermedio), fuimos a ver si en la terminal de los camiones Ciudad Militar había una bomba para inflar la llanta; pero, como dije antes, estaba ponchada y… ni modo. Aquí fue un continuo alegar.

-Nicolás, llévate la bicicleta en un camión y te regresas.

-No, Esperanza, porque no me admiten y no tengo con qué amarrarla a la trompa del camión.

-Entonces, habla por teléfono a la casa y di que traigan el coche.

-Pero no hay teléfonos por aquí.

Aquí intervino en el alegato Piedad:

-Le pondremos una llanta de repuesto.

Y señaló un tráiler que tenía una llanta sin ocupar.

-Creo que no le va a venir, dijimos la Nena y yo.

Seguimos discutiendo

Cada uno quería que se hiciera lo que creía más conveniente, pero ninguno le daba al clavo.

-Ustedes diviértanse. Y yo me quedo con el Yac, dijo la Nena.

-¡O todos o ninguno!, dije.

-Insisto en que le podemos poner una llanta de camión, repitió Pitié.

-¡Que no le viene!, gritó Esperanza.

-Haz la prueba, insistí.

-No, yo no digo eso –dijo Pitié-. Digo que también esa llanta está ponchada.

-¡Guau guau, guau!, alegó el Yac.

-asintió Esperanza, interpretando el ladrido del perro.

-Llévate al perro.

-No –dijo Pitié-. Ya lo trajimos. Ahora, ni modo: nos aguantamos.

-¡Estamos perdiendo el tiempo!

-¿Pensando?

-¡No! (éste es un vocablo clásico de Pitié).

El acuerdo

En los camellones que hay en medio de la carretera, ahí nos sentamos. Teníamos que llegar a un acuerdo tripartito. Aunque más bien éramos cuatro, si contamos al Yac; o cinco, con la bicicleta que no servía, más la grandota y la chiquita. Entonces, éramos siete. Y aquí paramos, porque entramos en terrenos del célebre matemático Mauvre.

Nos pusimos, pues, de acuerdo: Esperanza, el Yac y la bici, nos esperarían a Pitié y a mí. Nosotros bajaríamos por la carretera a toda velocidad (pues es una loma empinada por donde va la carretera).

El Chivo Piocha

Nos tocaba ahora subir la subida que habíamos bajado de bajada. Faltarían cien metros para llegar a donde la Nena y…

-¡Pitié, da vuelta ahí! –grité.

Pitié obedeció. Pero dio la vuelta en tal forma que perdió el control de la bicicleta, cerró los ojos, apretó las manos en el manubrio, sabiendo que iba a estrellarse. De pronto, se vio bajo la bicicleta, acostada en la cuneta.

Todavía el pedal y la rueda daban vueltas y más vueltas, y Pitié veía estrellas sin telescopio y de día.

Lo único que había pasado es que se le había atravesado la cuneta, porque aunque la bicicleta tenía toda la dirección al revés, no le pasó nada. Y Pitié estaba como el Chivo Piocha de la canción de Cri-Cri: “Iba el Chivo Piocha en bicicleta de alquiler…”.

Casi de regreso

Aburrido de vernos, el Sol se disponía a meterse. Esto era un calvario: teníamos que llevar, en vez de una cruz, unas bicicletas todas amoladas. Y el Yac, sediento de tanto correr. El camino de regreso, largo largo. Sería tedioso contar este camino de regreso, pues con tanto incidente y hasta accidente no teníamos ganas más que de llegar pronto a la casa. Pero para no desperdiciar el cachito de hoja que queda…

Ya era de noche. Íbamos por la 14 Oriente, a la altura de la 32 Norte. Me fui en una de las bicicletas a decir que ya mero llegábamos. Ya mero, porque después de dejar la bicicleta en su agencia, me regresé a seguir acompañando a mis hermanas, quienes venían a diez cuadras de distancia.

La llegada 
o El plano perdido y hallado en el paseo

Cansados, arrastrándonos y hambrientos, llegamos a la casa. Cabe decir por último que el paseo no fue con motivo de distracción, sino que Esperanza buscaba un plano…

Cabe decir que el plano que buscaba, yo lo había perdido en Santa Bárbara. La Nena lo buscó entre miles de planos, pero no aparecía. Por mera coincidencia lo habían encontrado unos vecinos de nuestro terreno.

Cabe decir que el plano resistió otro olvido mío. Yo lo había enrollado en el barrote de la bicicleta que fui a entregar a la agencia. Estábamos ya comiendo para recuperar las fuerzas, cuando me preguntan:

-¿Y el plano?
-¡En la agencia!

¡Qué tonto plano! ¿Verdad?







lunes, 12 de agosto de 2013

19 de agosto de 1947

Puebla, a 19 de agosto de 1947.

Mi querida María de la Luz:

Después de que te fuiste, quedó un vacío en toda mi alma. Y ya que no pude irme contigo, ni tampoco asistir a la celebración del día de la beata Beatriz de Silva, tú has de haberle dado a la Superiora mis disculpas. Y espero que habrás pedido por mí en la fiesta y en la misa.

No creí que se pudieran pasar días tan dichosos, pero así es todo momento en que pienso en ti.

Te dije cosas que nunca te debía de decir, pero es que me preocupas tanto que por ti yo mismo sacrificaría lo que más quiero, que es a ti.

Después que las fuimos a dejar, llegamos aquí a las 12 y puse el radio. Ya te habrás informado que ganó México. Ojalá haya apostado tu papá. Al rato vino el camión y me fui a tomar una lección, que solamente consistió en cinco minutos, pues fuimos por donde se habían ido mi papá con todos y se quisieron subir y entonces nos dedicamos a pasear en el camión.  Compramos chicharrones y después regresamos a la casa a comerlos. En la tarde se fueron al cine mis hermanas a ver El filo de la navaja. Solamente se quedaron mi papá y Laura, que estaba esperando a Margarita Cuburú, que al rato llegó. Se pusieron a jugar y yo a leer. Al rato me uní a ellos y como a las 6 se iba Margarita. Y sabiendo que tú no te enojarías, acompañé a Laura a tomar con Margarita un helado al Centro.  Todavía se pensaba ir al baile de que te hablé, pero, claro, a mí no me dijeron nada porque ya saben que no cuentan conmigo. Y siempre no fueron.

Mis tías se fueron el lunes a las 7. Solamente se quedaron mi tía Trini y sus hijas. Yo ayer me fui a trabajar.

Creo que mañana jugamos el partido de foot-ball Ingeniería-Medicina.

Saludos a Lily, a tía Luchena, a tu mamá, a Titi. Y tú recibe el cariño de quien te quiere y desea ser todo tuyo.


Agustín

NOTAS. (1) Beatriz da Silva (1424-1492) fue beatificada por Pío XI en 1926, dos meses antes del nacimiento de María de la Luz. Cincuenta años más tarde, Beatriz fue santificada por Paulo VI.La devoción de María de la Luz por la monja portuguesa es herencia de Ma, su tía Luz Elena Osorio Mondragón, quien mantuvo durante toda su vida una estrecha amistad con las madres concepcionistas, cuya orden fue, precisamente, fundada por Beatriz da Silva.Esta devoción fue refrendada años más tarde y en dos ocasiones por María de la Luz y Agustín, al bautizar a dos de sus hijas con el nombre de la santa: Beatriz de la Concepción y Beatriz de Nuestra Señora de Lourdes. (2) El Filo de la Navaja (The Razor's Edge) es una película basada en la novela de Somerset Maugham (1944)y estelarizada por Tyrone Power y la bellísima Gene Tierney. También aparece Anne Baxter.(3) En esta carta aparece el nombre de uno de los personajes antagonistas más famosos de esta historia de amor: Margarita Cuburú (no Cugurú, como yo escuchaba y como me acostumbré a pronunciar). He olvidado los detalles (tendré que acudir a mis hermanas, para que ellas me ayuden a reconstruir esta parte de la historia), pero el caso es que Margarita fue una pretendiente de Agustín que María de la Luz tuvo que alejar sin miramientos. Durante un paseo al campo en Puebla, al que asistieron Margarita y María de la Luz (la primera había sido invitada por las hermanas de Agustín, quienes eran sus amigas), la segunda vio que Agustín se había apartado del grupo para meditar frente a la belleza del paisaje campirano. En en ese momento, la señorita Tagle decidió cruzar el Rubicón: se acercó a Agustín, se sentó junto a él y le preguntó a bocajarro: ¿Y qué, Agustín? ¿No vas a ir con tu novia?

-¿Qué novia?
-Margarita...
-Yo no tengo novia.
-¿No? Pues se te van los ojos apenas aparece.
-María de la Luz, yo sólo tengo ojos para ti.

En ese momento, María de la Luz supo que había ganado la guerra a Margarita Cuburú, a las hermanas de Agustín, a su tía Esperanza y a todos los habitantes de Puebla. Ya sólo faltaba vencer los recelos de su propio padre, el abuelo José. Tres años más tarde, al enterarse de la boda de Agustín y María de la Luz, Margarita Cuburú, desconsolada, entró a un convento y renunció al mundo.

domingo, 11 de agosto de 2013

17 de agosto de 1947

Viñeta de Historia Gráfica en LA mayor
Dibujante: Agustín Aguilar Rodríguez
Registro de fechas: María de la Luz Tagle Osorio


México, 17 de agosto de 1947.


Amor mío:

Apenas arrancó el camión, cerré los ojos, queriendo con ello hacer menor la angustia al alejarme de ti. Los cerré también para no darme cuenta de la enorme distancia que nos vendría a separar. Y cerrados primero por la fuerza, después vino el sueño y con él tu querida imagen estuvo muy cerca de mí.

En Río Frío me despertó mi mamá. Lili y ella bajaron. Yo me quedé sentada, pues hacía mucho frío afuera. Tomé una torta que me compraron, y después… a dormir hasta que llegamos a mi triste México. Eran las 2 p.m. y mi tía estaba esperándonos.

A las 2 ½ estuvimos de nuevo en casa. Mi papá no había comido, y como deseaba platicarme muchas cosas, a invitación de él salimos a comer al Bodón. Las muchas cosas que tenía que contarme eran acerca del fut (ganó $75). Me preguntó por ti, y aprovechando su iniciativa, aunque de lejos, hablé un buen rato de mi chatito.

Terminando de comer, me llevó al cine Teresa. Te envío el programa. La película me pareció divertida.

No te olvides de decirme el nombre del libro que deseas, para que así pueda conseguírtelo y tenértelo para cuando vengas.

Son en este momento las 8 ½ y ya puse la mesa para la cena. Sólo estamos esperando que venga monseñor. Mi tía fue por él.

Saludos para todos en tu casa, y para ti el inmenso amor de tu María de la Luz.

P.D. Si acaso puedo ir mañana a la Basílica, te contaré en mi próxima todo cuanto vea y oiga, para que así no pierdas esta función.

NOTAS. (1) Si hay un lapso sin cartas entre el 11 y el 17 de agosto, se debe a que, como lo entendemos ahora, María de la Luz viaja a Puebla, acompañada de su madre y su hermana, para asistir a la boda de Ismael (hermano mayor de Agustín) y Rebeca González, celebrada el viernes 15 de agosto en El Espíritu Santo, templo jesuita también conocido como "de la Compañía", ubicado en una de las esquinas de la 4 Sur y Avenida Palafox. (2) Ésta es la primera carta donde María de la Luz llama "Chatito" a Agustín. (3) La película que María de la Luz fue a ver al Cine Teresa (San Juan de Letrán 109) es La Barca de Oro, dirigida por Joaquín Pardavé y estelarizada por Sofía Álvarez, Pedro Infante y René Cardona. Esta película se mantuvo entonces en cartelera nueve semanas. Es decir, fue un éxito rotundo (tres semanas era la norma de las salas de la ciudad en 1947). Llama la atención la opinión de María de la Luz: "...me pareció divertida". Esta poco entusiasta calificación se explica fácilmente al revisar los adjetivos que usa la hija de José Tagle para otras películas: parece que a la joven le atrae más Hollywood. Recordemos que María de la Luz pertenece a un sector de la clase media que considera "demasiado corriente" a Pedro Infante (más para el gusto de las sirvientas) y que prefiere a Jorge Negrete. Acaso por tales escrúpulos de clase, María de la Luz se interesa más en Gary Cooper, Cary Grant, William Powell, Bing Crosby, Gregory Peck, Spencer Tracy, Robert Mitchum y (but of course) Humphrey Bogart.

viernes, 9 de agosto de 2013

11 de agosto de 1947

Puebla, a 11 de agosto de 1947.

Mi querida María de la Luz:

El domingo, a las 10 ½ de la mañana, recibí tu carta. En esos momentos me disponía a salir en el camión, para que el chofer me enseñara a manejar. Y así lo hice. Estuve cerca de tres horas andando en el camión. Mi primera lección fue la de llevar el volante, pues dice el chofer que mientras no domine el volante no me dará el acelerador ni las velocidades. En la tarde, estuve arreglando mis cajones y tratando de recordar la fecha de tus 15 años, pero no la encontré.

En la tarde, también despidieron en la casa a Rebeca de su vida de soltera sus amigas y mis hermanas.

El sábado en la noche, fue el cumpleaños de Gloria Aguilar Jiménez, y hubo fiesta en su casa. Yo fui por cumplir, pero realmente no tenía yo ganas. Llegué a las 9 y me regresé con Esperanza a las 10, con cierta pena pues casi no baile; pero es que no me divierte el baile, y ahora menos, no estando tú en la fiesta. La verdad, no sé. A veces me preocupo por mi falta de sociabilidad o bien por mi falta de sentido musical, pues son los dos únicos motivos que veo para justificar el baile. Pero ambos (y con esto me consuelo, no sé si tontamente) se pueden lograr sentado. Me he metido en esto pues siempre para mí será un problema. Quizá contigo sea más fácil de resolverlo y tú me tomes en este aspecto según tu gusto y manera de entender la vida. Yo también estoy dispuesto a ser como tú quieras. Y dispensa que no sea congruente con mi anterior carta en eso de presentarte resueltos los problemas.

Ya me voy a clase de 7 de la tarde o noche. Antes pasaré a dejar esta carta. Saludos. Y tú recibe el cariño de quien te quiere.

Agustín

P.D. He leído las crónicas de foot-ball y me enteré del resultado. Siento que haya perdido el campeón de México.

NOTAS. (1) María de la Luz cumplió 15 años de edad el 25 de septiembre de 1941. Como sabemos, Agustín asistió a la fiesta. Fue ahí, precisamente, donde quedó flechado por la belleza de su prima. (2) Rebeca, como ya sabemos, es la novia de Ismael, el hermano mayor de Agustín. Ismael y Rebeca se casaron cuatro días después de escrita la carta presente, en el Altar Mayor de los Jesuitas del Templo del Espíritu Santo.